Bolivia: casi dos semanas de bloqueos, saqueos y Paz dice que no se va
El canciller Fernando Aramayo descartó la renuncia del presidente Rodrigo Paz mientras los cortes de ruta generan escasez de combustible y alimentos, y seguidores de Evo Morales protagonizan choques con la Policía en La Paz.

Bolivia lleva casi dos semanas paralizada por bloqueos de rutas que ya provocaron escasez de combustible y alimentos en varias regiones del país. Las protestas, impulsadas en gran parte por simpatizantes del expresidente Evo Morales, apuntan directamente contra el presidente Rodrigo Paz y exigen su renuncia. El Gobierno respondió: no se mueve.
Los hechos
Los manifestantes tomaron calles y rutas en distintos puntos del territorio boliviano. En La Paz, los enfrentamientos entre la Policía y miles de seguidores de Morales dejaron imágenes de saqueos y vandalismo contra instituciones públicas, según reportes oficiales citados por medios locales e internacionales. La situación escala con cada día que los bloqueos siguen activos.
Morales, desde su rol de líder opositor, respaldó públicamente las movilizaciones. No dirige el país, pero dirige la presión: su figura sigue siendo el eje organizador de buena parte de la izquierda boliviana, y su apoyo a las protestas les da legitimidad política y masa crítica.
La posición del Gobierno
El canciller Fernando Aramayo fue claro: Paz continúa en el cargo. El funcionario también puso una condición para cualquier diálogo: primero tienen que terminar los hechos violentos. Es la postura clásica de un gobierno que no quiere negociar bajo presión, aunque la presión ya lleva dos semanas.
El problema de esa postura es que, si los bloqueos no ceden, el costo económico sigue acumulándose. Escasez de combustible y alimentos no es un dato menor en un país donde los sectores más vulnerables dependen de cadenas de abastecimiento frágiles. Cada día adicional de corte suma tensión y suma costo político.
El contexto
Bolivia ya vivió este guión antes. La crisis de 2019, que terminó con la renuncia de Morales y su exilio, dejó heridas que nunca cerraron del todo. Paz llegó al gobierno en ese escenario de fractura, y la oposición más dura nunca le reconoció legitimidad plena. Las protestas actuales son, en parte, la continuación de esa disputa por el poder que en Bolivia raramente se resuelve en las urnas y con frecuencia se dirime en las calles.
La pregunta que los medios no terminan de responder es cuánto aguanta la economía boliviana antes de que la presión social se vuelva inmanejable para el Gobierno. Los tres medios que cubrieron la crisis coinciden en el diagnóstico pero ninguno suma datos duros sobre el impacto económico real: cuánto cayó el abastecimiento, qué regiones están más afectadas, si hay desabastecimiento crítico en hospitales o servicios esenciales.
Qué viene
El Gobierno apuesta a que los bloqueos se desgastan solos. Es una estrategia que a veces funciona y a veces no: depende de cuánta tolerancia tenga la población afectada y de si Morales mantiene la presión o negocia en silencio. Por ahora, el expresidente no da señales de bajar la intensidad.
Dato de cierre: Bolivia tiene uno de los sistemas de subsidio al combustible más generosos de América Latina. Que eso mismo escasee por los bloqueos tiene una ironía particular que ningún comunicado oficial va a señalar.
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