La Iglesia y una universidad buscan probar si la Difunta Correa realmente existió
Una investigación conjunta entre la Iglesia Católica y la Universidad de San Juan revisará registros eclesiásticos para determinar si Deolinda Correa fue una persona real o un mito regional.

El mito más popular del interior argentino tiene fecha límite para dejar de serlo. La Iglesia Católica y la Universidad de San Juan lanzaron una investigación conjunta para rastrear evidencia histórica de la existencia de Deolinda Correa, conocida popularmente como la Difunta Correa. El objetivo es revisar registros eclesiásticos y archivos históricos para determinar si la figura que convoca a miles de peregrinos cada año en el santuario de Vallecito fue una persona de carne y hueso.
El mito que mueve multitudes
La historia es conocida en todo el país: Deolinda Correa habría muerto de sed en el desierto sanjuanino durante las guerras civiles del siglo XIX, mientras seguía a las tropas para encontrar a su marido. Según la tradición, su hijo recién nacido sobrevivió alimentándose de su pecho incluso después de la muerte. Quien la encontró, la enterró, y desde entonces el lugar se convirtió en lugar de devoción popular.
El santuario de Vallecito es hoy uno de los más visitados de América Latina. Camioneros, deportistas, madres y políticos dejan botellas de agua en el lugar como ofrenda. La devoción no tiene calendario fijo ni jerarquía institucional que la controle, lo que siempre incomodó a una parte de la estructura eclesiástica.
Qué buscan los investigadores
El equipo revisará registros parroquiales, documentos civiles y militares de la época. La hipótesis de trabajo es que, si Deolinda Correa existió, algún rastro debería haber quedado en los archivos de la Iglesia o en los registros del ejército unitario que operó en la zona durante los conflictos del siglo XIX.
La búsqueda también apunta a rastrear al presunto hijo. Si alguien rescató al niño y lo llevó a un pueblo, ese niño tuvo que ser bautizado. Ese bautismo es el dato que los investigadores consideran más probable de encontrar, si es que existe.
La Iglesia nunca reconoció oficialmente a la Difunta Correa como santa, aunque tampoco desalentó activamente la devoción. Esta investigación no es, en principio, un proceso de canonización ni una declaración de santidad. Es, antes que nada, un ejercicio de historia.
Lo que está en juego
El resultado puede ir en cualquier dirección. Si aparecen registros, la figura de la Difunta Correa gana un estatuto distinto: deja de ser leyenda y se convierte en caso documentado, lo que podría abrir la puerta a un proceso formal dentro de la Iglesia. Si no aparece nada, el mito sigue siendo mito, que tampoco es poco: millones de devotos no necesitan un acta de bautismo para creer.
Lo interesante es quiénes impulsan la búsqueda. Que sea la propia Iglesia —y no un grupo de académicos externos— la que ponga recursos en esto sugiere que la institución tiene algo que ganar con una respuesta, en cualquier sentido. Quizás más que certeza histórica, busca recuperar algún control sobre una devoción popular que llevan siglos sin poder encuadrar.
Dato de cierre: el santuario de Vallecito recibe entre 500.000 y un millón de visitantes por año. La Difunta Correa es, en términos de convocatoria, más popular que varios santos canonizados oficialmente.
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