Netflix vuelve a Lizzie Borden y rescata a otra asesina legendaria
La cuarta temporada de Monster sigue a Lizzie Borden y, de paso, reactiva el interés por Erzsébet Báthory, dos nombres que el streaming usa para vender horror con traje de época.

Netflix estrena la cuarta temporada de Monster, ahora centrada en Lizzie Borden, la mujer acusada de matar a hachazos a su padre y a su madrastra en Fall River, Massachusetts, a fines del siglo XIX. La serie vuelve a apostar por crimen real, morbo y recreación de época, una receta que Ryan Murphy ya exprimió bastante, pero que todavía le sigue dando clics.
La historia que vende
Clarín y La Nación remarcan el costado más reconocible del asunto: la figura de Borden, el crimen y la fama de “loca del hacha” que le quedó pegada para siempre. Variety, en cambio, entra por otro lado: evalúa la serie y la presenta como la temporada más entretenida de la antología hasta ahora. O sea, un medio mira el cadáver cultural; el otro, la maquinaria televisiva.
La gracia comercial está en que Monster no depende de un solo caso. Netflix arma un paquete con nombres que ya tienen una reputación hecha. Borden sirve por el escándalo judicial y por la ambigüedad del caso. Y, como agrega Clarín, también aparece Erzsébet Báthory, la aristócrata húngara cuya leyenda sangrienta alimentó siglos de literatura gótica. La plataforma vende espanto con apellido propio. Funciona mejor que inventar monstruos nuevos.
La otra asesina
La presencia de Báthory no es un detalle decorativo. La serie usa esa figura como puente entre dos mujeres convertidas en mito criminal, separadas por siglos pero unidas por la misma industria del miedo. En la Europa feudal, Báthory quedó asociada a relatos de tortura y sangre; en Estados Unidos, Borden pasó a integrar el catálogo de crímenes célebres que el entretenimiento convierte en marca.
Ahí está el truco de Monster: no cuenta sólo un asesinato, sino la vida posterior del asesinato. Lo que queda en la memoria colectiva, la deformación del relato, el gusto por lo espeluznante y la manera en que una historia judicial termina reciclada como contenido premium.
Un negocio conocido
Variety subraya el rendimiento de la serie y la actuación de Ella Beatty, mientras que los medios argentinos prefieren explicarle al lector quién fue Borden y por qué su caso sigue apareciendo cada tanto en catálogos de streaming. No es una coincidencia: Netflix sabe que el true crime histórico viaja bien y, si además incluye una “condesa sangrienta”, mejor.
La lección es simple. Cambian los nombres, no el producto. El algoritmo adora los crímenes viejos con buena iluminación. Y esta vez le tocó a una hacha y a una condesa que, por cierto, nunca necesitó una marca personal para hacerse famosa.
El cruce
Análisis editorialClarín arma la nota alrededor del antecedente histórico de Erzsébet Báthory y usa a Lizzie Borden como puerta de entrada. La Nación va directo al caso Borden y al estreno en Netflix, con tono más de presentación que de crítica. Variety, en cambio, se concentra en la serie: evalúa el resultado, destaca a Ella Beatty y dice que la temporada funciona mejor que las anteriores.
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Fuentes consultadas
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