Por qué envolver la tarjeta en papel aluminio reduce el riesgo de robo electrónico
Las tarjetas con tecnología contactless permiten pagos sin PIN que los estafadores pueden interceptar a distancia; el aluminio bloquea la señal y elimina esa vulnerabilidad.
⚡ Imagen generada con IAEl fraude por radiofrecuencia (RFID) es uno de los pocos delitos donde el costo de la defensa es literalmente menor a un peso. Envolver la tarjeta de crédito o débito en papel aluminio corta la señal NFC que emiten las tarjetas contactless y, con eso, impide que un lector no autorizado capture los datos a distancia.
Cómo funciona el robo
Las tarjetas con chip sin contacto emiten una señal de radiofrecuencia que puede leerse con dispositivos a pocos centímetros de distancia. No hace falta robar la tarjeta ni pedirle el PIN al titular: alcanza con acercar un lector clandestino en un transporte público, una fila o cualquier espacio concurrido. En segundos, el dispositivo captura los datos de la tarjeta y los usa para generar pagos fraudulentos.
Por qué el aluminio
El papel aluminio actúa como una jaula de Faraday básica: bloquea las ondas electromagnéticas y hace que la tarjeta sea invisible para cualquier lector, autorizado o no. No requiere electricidad, no cuesta nada y no daña el chip ni la banda magnética. La desventaja es operativa: hay que desenvolver la tarjeta cada vez que se quiere pagar sin contacto, lo que vuelve irrelevante la comodidad que prometía esa tecnología.
Las alternativas
El mercado ofrece billeteras con blindaje RFID incorporado, que hacen lo mismo sin el paso manual de envolver y desenvolver. Cuestan entre $5.000 y $20.000 según el modelo, y son la solución que recomiendan quienes usan la tarjeta con frecuencia. Otra opción: desactivar directamente la función contactless desde la app del banco, opción disponible en casi todas las entidades argentinas hoy. Quienes prefieren el papel aluminio suelen ser los que ya tienen uno en casa y no quieren gastar en nada más.
Qué tan real es el riesgo
Los bancos no publican estadísticas desagregadas por tipo de fraude, así que no hay cifras precisas sobre qué porcentaje de los robos responde a esta modalidad versus phishing, clonación o estafa telefónica. Lo que sí es claro es que el fraude digital creció junto con la adopción de pagos sin contacto, que en Argentina se aceleró después de la pandemia. El dato que pocas personas conocen: para pagos sin PIN, el límite suele ser de $5.000 por transacción, pero puede repetirse varias veces antes de que el sistema dispare una alerta.
El cruce
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Fuentes consultadas
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