minuto.ar
Tecnología

Una nariz con IA quiere llevar los olores a Internet

Un desarrollo académico convierte aromas en datos y los reconstruye en otro dispositivo, una idea que suena a ciencia ficción pero apunta a sumar el olfato a las comunicaciones digitales

•hace alrededor de 2 horas•🔥 Viralidad 40/100
Compartir
Escuchá el resumen
0:00 / 0:35
Un abstracto digital vibrante que representa una matriz futurista con colores brillantes y patrones geométricos.
Foto por Pachon in Motion en Pexels

Un equipo de científicos desarrolló una nariz electrónica con inteligencia artificial capaz de identificar olores, traducirlos a datos y recrearlos en otro dispositivo. La promesa es simple de decir y bastante menos simple de lograr: que un aroma pueda enviarse por Internet y sentirse del otro lado.

Cómo funciona

El sistema capta la firma química de un olor y la convierte en información digital. Esa información viaja por la red y llega a un receptor, que libera sustancias almacenadas para reconstruir la experiencia olfativa. No copia un perfume exacto con magia de laboratorio; arma una versión funcional a partir de compuestos previos, que es una diferencia bastante importante.

La inteligencia artificial entra en la etapa de reconocimiento. Su tarea es clasificar patrones, aprender combinaciones y mejorar la precisión al detectar qué aroma tiene enfrente. Dicho de otro modo: el algoritmo hace de traductor entre el mundo químico y el lenguaje binario, un trabajo que nadie había pedido con tanta urgencia, pero ahí está.

Para qué sirve

La aplicación más obvia es la comunicación remota. El olfato quedó afuera de videollamadas, redes sociales y plataformas de mensajería, como si el siglo XXI hubiera decidido que oler era demasiado. Este tipo de dispositivos intenta corregir ese olvido y abrir la puerta a experiencias digitales más inmersivas.

También puede tener usos en salud, gastronomía, control de calidad y entrenamiento sensorial. Un sistema que identifica olores con precisión puede servir para detectar sustancias, verificar procesos o asistir a personas con alteraciones en el olfato. El marketing puede venderlo como futuro; la industria, en cambio, suele preguntar cuánto cuesta y si funciona igual de bien después de cien usos.

Lo que falta

El problema no es solo técnico. Reproducir olores con fidelidad exige una paleta amplia de compuestos, calibración fina y una experiencia estable para distintos usuarios. El olfato humano, además, es muy subjetivo: lo que para uno huele a pan recién hecho, para otro puede ser apenas “algo caliente”.

Por ahora, la nariz electrónica se presenta más como una plataforma experimental que como un producto listo para masificarse. Pero el intento marca una frontera curiosa: la digitalización ya llegó a la imagen, al sonido y al tacto; el olfato era el rezagado. También es, probablemente, el más difícil de mandar por WhatsApp.

El cruce

Análisis editorial
Cómo lo encararon los medios

TN pone el acento en la idea más llamativa: enviar y recibir olores por Internet, casi como un gadget de ciencia ficción. Infobae baja un cambio y explica mejor el mecanismo: convierte la información química en datos y luego en una liberación de líquidos en el receptor. Los dos cuentan lo mismo; uno vende la rareza, el otro se queda más cerca del cómo funciona.

Cobertura uniforme:Neutral2

Lo que reescribimos arriba sale del cruce de estos titulares. Hacé click para leer la cobertura original.

Seguí leyendo

Esta nota fue elaborada automáticamente a partir del cruce de 2 medios argentinos. Cómo trabajamos →
Resumen diario

Las noticias del día por mail

Un email a las 8 AM con lo más importante. Gratis. Sin spam. Te das de baja cuando quieras.

Fuentes consultadas

Esta nota fue elaborada a partir del cruce de cobertura de varios medios. Si querés ampliar, podés visitar las fuentes originales.