El climatólogo que advierte: el planeta en que nacimos ya no existe
Raúl Cordero explica por qué el hemisferio norte se calienta casi al doble de rápido que el sur, qué esperar del cambio climático combinado con El Niño, y por qué aun así no pierde la esperanza.

El climatólogo Raúl Cordero lo dice sin rodeos: el planeta que conocimos ya no existe. Los eventos meteorológicos extremos son cada vez más frecuentes e intensos, y si el calentamiento global no se frena, la tendencia se profundizará en las próximas décadas. La advertencia no es nueva, pero la escala del fenómeno sí.
La asimetría del calentamiento
Uno de los datos más llamativos que señala Cordero es la diferencia de ritmo entre hemisferios. El norte se está calentando casi al doble de rápido que el sur. Esto tiene consecuencias concretas: los eventos extremos —olas de calor, tormentas, inundaciones, sequías— golpean con más fuerza y con menos tiempo de recuperación entre uno y otro en latitudes septentrionales. Europa y el norte de Asia, en particular, están registrando anomalías térmicas que hace tres décadas serían estadísticamente improbables.
El efecto combinado
El problema no es solo el calentamiento de fondo. Cordero advierte sobre el efecto combinado del cambio climático con El Niño, el fenómeno natural que periódicamente recalienta las aguas del Pacífico. Cuando ambos coinciden, los registros se disparan. Las temporadas de huracanes se vuelven más activas, las sequías se extienden y las lluvias torrenciales superan los umbrales de infraestructura construidos para otro clima. No se trata de eventos aislados: es la nueva normalidad climática operando sobre una línea de base ya elevada.
Por qué igual hay margen para el optimismo
A pesar del diagnóstico sombrío, Cordero no abandona el optimismo —aunque lo matiza con condiciones. La transición hacia energías renovables avanza más rápido de lo que proyectaban los modelos de hace diez años. Los costos de la solar y la eólica cayeron de forma sostenida. Y la conciencia política sobre el tema, aunque irregular, creció. El climatólogo entiende el optimismo no como negación del problema sino como estrategia funcional: sin la convicción de que algo puede cambiar, no hay acción colectiva posible.
Lo que viene
La tesis central de Cordero es que ya no se trata de evitar el cambio climático —eso, en sentido estricto, ya ocurrió— sino de acotar su intensidad futura y adaptarse a las consecuencias actuales. Cada décima de grado que se logre no sumar al promedio global representa millones de personas menos expuestas a eventos extremos. El planeta en que nacimos no existe, sí. Pero el de dentro de 50 años todavía puede depender de lo que se haga ahora.
El cruce
Análisis editorialLa Nación toma la cita como gancho alarmista y se queda con la advertencia: los fenómenos extremos se multiplicarán si no se actúa. BBC Mundo usa el mismo titular pero agrega capas: explica la asimetría entre hemisferios, el efecto El Niño y, sobre todo, destaca que Cordero mantiene el optimismo a pesar de todo. El enfoque de BBC es más amplio y matizado; La Nación prioriza el impacto emocional de la frase.
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Fuentes consultadas
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