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Gabriel Rolón explica por qué ser feliz es más difícil de lo que parece

El psicoanalista argentino analizó la complejidad del bienestar emocional, las presiones externas y la importancia de vivir el presente en una nueva entrevista.

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Gabriel Rolón, uno de los psicólogos más conocidos del país, volvió a poner sobre la mesa una pregunta que la cultura del bienestar suele simplificar: ¿qué cuesta realmente ser feliz? Su respuesta, lejos del optimismo de autoayuda, apunta a que la felicidad no es un destino sino una responsabilidad activa — y eso la hace incómoda.

La frase que incomoda

Rolón planteó que "ser feliz implica una responsabilidad muy grande". La idea central es que la felicidad no llega sola ni se mantiene por inercia: exige decisiones, renuncias y, sobre todo, la capacidad de tolerar la presión que implica elegir el propio camino frente a lo que el entorno espera. El mensaje no es que la felicidad sea inalcanzable, sino que su peso real suele subestimarse.

En ese sentido, Rolón contradice el mandato social que equipara felicidad con ausencia de conflicto. Para el psicoanalista, el malestar no es lo opuesto a la felicidad: a veces es parte del mismo proceso.

El presente como territorio

Otro eje de su análisis fue la dificultad de "habitar el aquí y ahora". En la práctica clínica, buena parte del sufrimiento que registran los psicólogos se explica por personas que viven mentalmente en el pasado (con culpa) o en el futuro (con ansiedad), sin anclarse en el momento presente.

Rolón insiste en que esto no es un problema individual de carácter sino una condición cultural: vivimos en un entorno que premia la anticipación, la productividad futura y la evaluación permanente del pasado. Detenerse en el presente, en ese contexto, requiere un esfuerzo deliberado que no es natural para la mayoría.

Las presiones externas

La entrevista también abordó cómo las demandas del entorno — familia, trabajo, redes sociales — complican el acceso a cualquier forma de bienestar genuino. Rolón señala que muchas personas confunden "estar bien" con cumplir expectativas ajenas, lo que genera una felicidad prestada que no sostiene nada.

El argumento tiene peso clínico pero también sociológico: en una época donde las redes muestran vidas editadas y el éxito se mide en métricas visibles, la brecha entre la experiencia real y la imagen proyectada genera un desfasaje que se paga con angustia.

Por qué sigue importando

Rolón lleva años siendo uno de los divulgadores de salud mental más leídos del país, con libros que mezclan psicoanálisis con narrativa accesible. Sus apariciones mediáticas tienen el efecto de llevar debates clínicos a audiencias que no pisan un consultorio — lo cual tiene valor propio, aunque también limitaciones.

La nota que publican La Nación y El Cronista con el mismo título y sin desarrollo propio adicional es, básicamente, el eco de una entrevista que circula en otro formato. Los dos medios reproducen la frase de cabecera sin ahondar en los argumentos detrás. Lo que dice Rolón merece más que un párrafo.

Dato de cierre: según distintas encuestas de bienestar subjetivo, Argentina figura sistemáticamente entre los países con mayor consumo de psicofármacos y mayor tasa de consulta psicológica de América Latina. Que el debate sobre la felicidad sea tema de tapa no es casualidad.

Esta nota fue elaborada automáticamente a partir del cruce de 2 medios argentinos. Cómo trabajamos →
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