Marcelo Pacheco abre su colección privada al público por primera vez
El historiador del arte y excurador del Malba y del Bellas Artes exhibe casi cien obras en Colección Amalita bajo el nombre Reunión en neocriollo, en un recorrido por los vínculos y obsesiones que definieron su carrera.

Un curador que pasó décadas eligiendo qué mostrarle al público ahora muestra qué acumuló para sí mismo. Marcelo Pacheco, figura central del arte argentino de las últimas tres décadas, abre por primera vez su acervo personal al público en Colección Amalita, con cerca de cien obras reunidas bajo el título Reunión en neocriollo.
El hombre detrás de las colecciones
Pacheco no es un coleccionista anónimo. Fue curador del Museo Nacional de Bellas Artes, pieza clave en la formación del patrimonio del Malba y uno de los fundadores de la Fundación Espigas, que durante años documentó y preservó archivos del arte latinoamericano. Su mirada profesional moldeó lo que hoy consideramos el canon del arte argentino moderno. La muestra propone ahora rastrear cómo esa misma mirada funcionó en el plano privado: qué compró, qué le regalaron, con qué artistas tejió vínculos más allá de las instituciones.
Lo que se exhibe
El centenar de obras incluye piezas de artistas que Pacheco acompañó a lo largo de su carrera, mezcladas con trabajos que revelan gustos más personales o laterales a su figura pública. El título Reunión en neocriollo sugiere un gesto de síntesis: lo criollo como territorio cultural híbrido, el neo como actualización, la reunión como acto deliberado de juntar lo que de otro modo permanecería disperso en cajones y paredes privadas. No es una retrospectiva institucional ni un catálogo de mercado: es, en cierta forma, un autorretrato oblicuo.
Por qué importa
Las colecciones privadas de curadores son documentos raros. A diferencia de los museos, no están sujetas a criterios de representatividad ni a políticas de adquisición; reflejan intuición pura, afecto, apuesta. Ver qué eligió Pacheco para sí mismo permite leer en reversa cómo piensa el arte, sin el filtro de la responsabilidad institucional. En un mercado del arte argentino que atraviesa una etapa de revalorización sostenida, la muestra también sirve como señal de qué nombres y qué estéticas resistieron el paso del tiempo en la mirada de uno de los árbitros del sector.
Colección Amalita, el espacio de la Fundación Amalia Lacroze de Fortabat en Puerto Madero, será sede de la muestra durante las próximas semanas. Dato menor pero revelador: Pacheco eligió un espacio fundado por una coleccionista para mostrar que él también lo es.
El cruce
Análisis editorialPerfil y La Nación van al mismo lugar pero con distinto punto de entrada: La Nación presenta a Pacheco como 'gran curador' y destaca el hecho en sí —la primera vez que muestra su acervo privado—, mientras que Perfil se corre un poco y pregunta cómo se forma la mirada de un coleccionista, poniendo el foco en el proceso y la subjetividad detrás de la colección. Básicamente los dos celebran la muestra, pero uno arranca por el dato y el otro por la pregunta.
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Fuentes consultadas
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