Murió Carlos Alonso, el pintor que hizo memoria con furia
El artista mendocino murió a los 97 años en Córdoba y deja una obra que puso la violencia política, el exilio y la pérdida familiar en el centro del arte argentino.

Carlos Alonso murió a los 97 años en Córdoba y el arte argentino pierde a uno de sus nombres más nítidos: un pintor y dibujante que convirtió la violencia política, el exilio y la pérdida en materia de obra. Nacido en Mendoza, dejó una producción que varios medios resumen como central para entender el siglo XX argentino. Y no exageran mucho: pocas veces la pintura local miró de frente tanta desgracia con tanta precisión.
La obra
TN, Clarín, La Nación, Página/12 e Infobae coinciden en el punto de partida: Alonso no fue solo un gran técnico, sino un artista que hizo de la memoria un eje. Su serie Manos anónimas quedó como una marca de época, por la forma en que registró la violencia política en la Argentina. No pintaba consuelo; pintaba lo que otros preferían dejar fuera del cuadro.
Violencia y duelo
Página/12 pone el foco en el terrorismo de Estado y en la desaparición de su hija Paloma, un dato que atraviesa toda la lectura de su obra. Clarín toma ese mismo hilo y lo convierte en el corazón de su despedida, con una idea clara: Alonso transformó el dolor personal en una trinchera contra el olvido. Infobae también entra por ahí, con la serie Manos anónimas como puerta de acceso al universo estético del artista.
Un maestro argentino
Los Andes subraya su identidad mendocina. Perfil y La Nación, en cambio, prefieren el rótulo más amplio: maestro, figura influyente, referencia del arte argentino contemporáneo. Ahí hay menos épica y más catálogo, pero sirve para dimensionar el lugar que ocupó: un artista que pasó por pintura, dibujo, grabado e ilustración sin volverse decorativo en ninguno de esos territorios.
Lo que queda
La Nación agrega una frase que funciona como testamento: Alonso decía que seguía creyendo en el arte y, sobre todo, en su memoria insobornable. La frase suena grande, sí, pero en su caso no es adorno. Resume una obra que no buscó caer simpática, sino dejar marca. Y en un país con demasiados intentos de olvido, eso ya es bastante.
Un dato menor, pero útil: murió en Córdoba, aunque su nombre quedó pegado para siempre a Mendoza.
El cruce
Análisis editorialTN y Clarín lo despiden desde la dimensión humana y artística, con la pérdida y la memoria como centro. Página/12 pone el acento en el terrorismo de Estado y en la desaparición de su hija Paloma, mientras Infobae entra por la serie Manos anónimas. La Nación y Perfil lo presentan más como gran maestro e influyente del arte argentino, y Los Andes remarca su raíz mendocina. Rosario3 se queda en el dato duro, sin agregar mucho más.
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