Teatro Colón: una tragedia histórica vuelve con el ballet Manon
El Colón suma una nueva puesta de Manon mientras reaparece, por otro carril, la historia de Vittorio Meano, el arquitecto que dejó su firma en el teatro y terminó asesinado en 1904

El Teatro Colón vuelve a cruzar arte y tragedia. Por un lado, el Ballet del Colón presenta Manon, con dirección de Julio Bocca y figuras invitadas de la Ópera de París. Por otro, reaparece la historia de Vittorio Meano, el arquitecto italiano que diseñó el edificio y cuya vida terminó de manera abrupta en 1904. Dos relatos distintos, una misma obsesión porteña: convertir la elegancia en drama.
Una obra cruel
Manon no es precisamente una comedia ligera. La creación de Kenneth MacMillan pone en escena una historia de amor, ambición y caída, con una exigencia técnica que no perdona distracciones. Clarín destaca el peso artístico de la puesta y el elenco invitado; Perfil, en cambio, usa el Colón como disparador para revisar la tradición cultural que lo sostiene.
La coincidencia no es casual. El Colón necesita repertorio, pero también relato. Cada estreno funciona como excusa para recordar que el edificio no es solo una sala: es parte de la mitología porteña, con mármol, disciplina y un gusto permanente por las grandes escenas.
El hombre detrás del edificio
Perfil pone el foco en Daniel Balmaceda y en Vittorio Meano, el arquitecto italiano que quedó a cargo del proyecto del Teatro Colón. Su historia tiene todos los ingredientes que Buenos Aires suele reservar para sus próceres secundarios: talento, trabajo, vínculos personales y un final violento. Luisa, el asesinato y 1904 completan el cuadro.
Ese dato no compite con la temporada de ballet; la rodea. El Colón no solo aloja obras de época. También carga con una historia propia, más teatral que muchas de las piezas que programa.
Bocca y la apuesta
La presencia de Julio Bocca refuerza el guiño institucional. El exbailarín sigue dándole al Ballet del Colón una impronta de alto perfil, con el combo habitual de exigencia, figuras extranjeras y repertorio pensado para lucirse. Dorothée Gilbert y Hugo Marchand le dan a la puesta un aura de gala que el teatro suele vender bien: Buenos Aires ama sentirse capital cultural cuando el telón sube.
El Colón como escenario
Las dos coberturas terminan diciendo algo parecido sin decirlo igual: el Teatro Colón sigue siendo una máquina de prestigio. Puede contar la tragedia de una obra francesa y, al mismo tiempo, la del arquitecto que lo imaginó. Pocos edificios trabajan tanto para justificar su leyenda. El suyo, además, tiene una ventaja práctica: no necesita efectos especiales. Le alcanza con abrir las puertas y dejar que hablen sus fantasmas.
El cruce
Análisis editorialPerfil arma la nota desde la historia del edificio: Daniel Balmaceda y Vittorio Meano, el arquitecto del Colón, con foco en su vida y su muerte. Clarín va por el estreno y pone el centro en Manon, el Ballet del Colón y el elenco invitado. Los dos terminan orbitando la misma idea: el Colón como escenario de prestigio y drama, pero cada uno entra por una puerta distinta.
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Fuentes consultadas
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