El Gobierno frenó Atucha III y reabre la discusión nuclear
La cuarta central nuclear quedó afuera del plan oficial y Nucleoeléctrica activó una licitación privada sobre parte del predio, en una señal de que el Estado quiere menos obra y más espera.

El Gobierno canceló Atucha III, la central nuclear proyectada con financiamiento chino, y dejó en pausa el plan para sumar una cuarta unidad al sistema energético argentino. La decisión se tomó en una reunión de directorio de Nucleoeléctrica y viene con un giro conocido: menos obra pública, más promesas de capital privado, aunque sin demasiados detalles sobre quién pondría la plata.
Qué se cayó Atucha III estaba pensada como el próximo salto del parque nuclear argentino. La planta iba a incorporar tecnología china y una parte sustancial del financiamiento también llegaría desde Pekín. Ámbito y Página/12 coinciden en el punto central: el proyecto quedó cancelado de manera oficial. La diferencia está en el ángulo. Ámbito pone el foco en la explicación económica y en la nueva licitación que se abrió sobre el predio. Página/12 resalta el dato político de la baja y el peso que tenía el acuerdo con China.
La excusa conocida La versión oficial habla de falta de recursos. Es la fórmula estándar para congelar inversiones grandes: no se niega el valor del proyecto, se lo manda a dormir en el cajón presupuestario. En la práctica, la cancelación corta una obra de largo plazo y deja en el aire una discusión más incómoda: si el país quiere o no capacidad nuclear nueva, y quién la financia cuando el Estado decide mirar para otro lado.
El giro privado Nucleoeléctrica también habilitó una licitación para construir un reactor con capital privado en parte del mismo predio. La idea suena prolija en un comunicado y bastante más difusa en la realidad. El paso marca un cambio de lógica: de una obra estratégica con participación estatal y externa, a un esquema que busca inversores privados para una infraestructura que no suele atraer capitales por instinto ni por romanticismo.
Lo que queda La suspensión de Atucha III no solo frena una obra; también enfría un vínculo con China que ya venía bajo observación en otros frentes. En energía, el Gobierno prefiere cortar antes que explicar cuánto costaría seguir. Y cuando un país deja sin movimiento una central nuclear proyectada, no está haciendo cine negro: está dejando un hueco en la planificación. Dato chico, pero útil: Atucha I empezó a operar en 1974. Medio siglo después, la discusión sigue siendo quién paga la próxima.
El cruce
Análisis editorialÁmbito explica la cancelación con el foco puesto en la falta de recursos y en el nuevo movimiento de Nucleoeléctrica hacia una licitación privada. Página/12 va más directo al dato político: la baja oficial del proyecto y el peso que tenía el financiamiento chino. Los dos coinciden en el cierre de Atucha III; ninguno suma demasiado más allá de ese quiebre.
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Fuentes consultadas
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