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Pacifica Quartet en el Colón: un debut que tardó pero valió la pena

El cuarteto de cuerdas estadounidense se presentó por primera vez en el Teatro Colón con un programa de Mendelssohn, Ligeti y Beethoven que demostró por qué es uno de los más respetados del circuito internacional.

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Main facade of Teatro Colón
Foto: EEJCC / Wikimedia Commons (CC0)

El Pacifica Quartet debutó en el Teatro Colón dentro del ciclo del Mozarteum Argentino, y el resultado fue lo que sus seguidores esperaban: cuatro músicos —Simin Ganatra, Austin Hartman, Mark Hollow y Brandon Vamos— que suenan como un solo instrumento cuando la sala lo pide y como cuatro voces en diálogo cuando la música lo exige.

El programa

La elección fue inteligente y exigente a la vez. Mendelssohn abrió la noche con un cuarteto que el Pacifica resolvió con claridad y sin afectación. Ligeti, en el centro del programa, es donde se prueba de qué están hechos los conjuntos: las texturas comprimidas, los silencios cargados, la dificultad de mantener cohesión en un lenguaje que parece diseñado para desestabilizar. El cuarteto lo atravesó con precisión milimétrica. Beethoven cerró, y en ese terreno el conjunto encontró su momento de mayor libertad expresiva.

Ensamble y sonido

Lo que distingue al Pacifica de otros cuartetos de su generación no es la técnica individual —que está fuera de discusión— sino la capacidad de construir frases largas sin que ningún instrumento monopolice la atención. El balance entre los cuatro es excepcional: el cello de Vamos ancla sin pesar, los violines de Ganatra y Hartman dialogan sin competir, y la viola de Hollow articula el espacio entre ambos extremos con una discreción que en la música de cámara suele marcar la diferencia.

Lo que dejó la noche

El Colón tiene una acústica que expone tanto los méritos como los errores, y el Pacifica salió bien parado del examen. La sala respondió con una ovación que, según La Nación, saldó una deuda del cuarteto con el público argentino —aunque, siendo precisos, la deuda era del circuito local por no haberlos traído antes.

Dato de cierre: Ligeti escribió sus dos cuartetos de cuerdas con décadas de diferencia y en contextos radicalmente opuestos —uno bajo el régimen húngaro, otro en libertad europea. Que suenen igual de incómodos en ambos casos es, probablemente, el mayor elogio que puede hacerse a la música.

El cruce

Análisis editorial
Cómo lo encararon los medios

La Nación lo presenta como un debut emotivo y celebra el vínculo con el público argentino, con tono más cálido y personal. Clarín es más analítico: se enfoca en la calidad musical y la capacidad del cuarteto para convertir ideas mínimas en experiencias sonoras intensas, sin tanto énfasis en el lado sentimental del debut. Los dos medios coinciden en que fue una actuación de alto nivel, pero uno apunta al corazón y el otro al oído.

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Fuentes consultadas

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