András Schiff convirtió el Colón en clase magistral
El pianista húngaro volvió a Buenos Aires y tocó casi tres horas y media en el Teatro Colón, con Bach, Mozart, Beethoven y Haydn como columna vertebral de una noche más didáctica que decorativa.

András Schiff tocó casi tres horas y media en el Teatro Colón y dejó una idea bastante simple: todavía hay artistas que no van al escenario a cumplir. El pianista húngaro volvió a Buenos Aires con un programa de Bach, Mozart, Beethoven y Haydn, y convirtió el recital en una demostración de oficio, memoria y autoridad musical.
Un programa clásico
La selección de obras no buscó el efecto fácil. Schiff armó una recorrida por el canon europeo con compositor tras compositor, sin vender novedad donde no la había. La apuesta fue otra: mostrar cómo su lectura ordena, aclara y jerarquiza piezas que muchos oyentes ya conocen, pero que no siempre escuchan con tanta nitidez.
Más que tocar
Clarín subraya el costado didáctico de la noche: Schiff explicó el sentido de algunas obras y se tomó el tiempo de pensar en voz alta frente al público. La Nación, en cambio, se quedó con la imagen más directa: un regreso al Colón que rozó la idea de magia. Las dos lecturas terminan en el mismo punto, aunque por caminos distintos: el pianista no vino a decorar el repertorio, vino a discutirlo desde el piano.
El peso del intérprete
Ahí estuvo el centro de la función. Schiff no ganó la noche por volumen ni por gesto grandilocuente, sino por una mezcla más rara: precisión, paciencia y una capacidad poco común para escuchar mientras toca. En música clásica eso no es un detalle menor. Es, de hecho, el trabajo.
El Colón como medida
El Teatro Colón sigue siendo una vara útil para medir estos recitales. No perdona la rutina ni la sobreactuación, y premia a quien puede sostener un programa largo sin caer en la inercia. Schiff salió bien parado de esa prueba, con un repertorio exigente y una duración que ya dice bastante sobre la confianza del intérprete en lo que hace.
El dato mínimo que queda flotando: tocar Bach, Mozart, Beethoven y Haydn durante casi tres horas y media no es una postal elegante. Es una maratón con smoking.
El cruce
Análisis editorialLa Nación va por la imagen: resume la vuelta de Schiff al Colón como una noche de “magia” y pone el foco en el regreso a Buenos Aires. Clarín se estira más y arma una lectura casi admirativa del recital: destaca la duración, el costado didáctico y la idea de que fue más una clase que un concierto. Los dos coinciden en la calidad del pianista; Clarín le suma más contexto y La Nación, más entusiasmo.
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Fuentes consultadas
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